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Escrito por Andres de la Torre
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Jueves, 10 de Mayo de 2012 12:47 |
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“La naturaleza es el principio y el fin de la existencia animal y humana.. solo con observarla hallarás una respuesta, hallarás cualquier remedio universal.”
(Mujeres que aman a los caballos - Alba Rueda)
Me desperté algo sobresaltado por la luz del alba que entraba por la ventana de la cabaña. Tardé un segundo en darme cuenta de dónde estaba, pero en seguida reconocí las gruesas paredes de piedra y las vigas y techo de madera.
Hacía varios meses que tenía la llave de aquella cabaña de pastores, pero por una razón o por otra, no había encontrado el momento de poder escaparme para disfrutar de las montañas que la rodeaban.
Estaba en lo mas alto de la braña, y al parecer me había ganado ese privilegio por la buena labor desempeñada como guarda del refugio de montaña, algo que la gente del pueblo quiso agradecerme de alguna manera.
Aquella era una cabaña de aspecto tosco por fuera, con las piedras desiguales, pero inmensamente cálida y acogedora por dentro a pesar de su simpleza. En cierto modo, se parecía a mi. Una solitaria.
Muchas veces me siento como el protagonista del post Arder, del blog Pill Of Pragmatism, please!!
“Sólo acaricio las teclas de esta putrefacta máquina de escribir cuando me siento solo, y a la vez agradezco hacerlo porque eso supone reconocer mi propia y asqueante condición. Esto último me lleva a pasar de la caricia a la pulsación cargada de desdén, como si las teclas fueran el hilo conductor de mis frustraciones. Como si mi ira fuera a llegar a través de todas ellas a todos y cada uno de los responsables de mi estado. (…)
Y escribo con furia hasta secar la tinta. Cuando en realidad es mi corazón el que se desangra al reconocer que la causa última de mi aislamiento soy yo mismo.
Es el momento de iniciar una odisea. La mía. No se aún, sentado en esta silla carcomida, si será un viaje de huída o un viaje interior. Pero tiene que ser, de todas, todas. La necesidad de partir me quema por dentro con el mismo ardor que sienten los pies al caminar sobre lava. (…)”
Había soñado con Alfredo, mi compañero de cordada fallecido un mes atrás, y eso me alegró y confirmó la idea, de que su alma estaría siempre cerca de las montañas a las que profesaba tanto amor.
En la mochila lo básico, saco de dormir, “plumas” y una muda por si me daba por patear. Algo de comida y un pack de seis cervezas. Estaba solo. Necesitaba estar solo. Cuando paso un tiempo sin ir a la montaña el carácter se me embrutece y no hay quien me aguante. Llevaba mas de un mes sin escalar ni pisar la montaña. Insoportable era la palabra que mejor me definía.
El parte del tiempo era malo. Dos días de lluvia y fuerte viento. Por eso me llevé también un libro que hacía un año que tenía en mi poder y que no había encontrado el momento ni el lugar adecuado para leerlo. Ahora lo estaba. La noche anterior ya me había zampado casi cien páginas y visto el panorama reinante fuera de la cabaña, retorné al saco después del desayuno para continuar leyendo.
Alba, la protagonista, había emprendido un viaje a Escocia para reencontrarse a sí misma, desconcertada y bastante perdida, algo parecido a lo que me pasa desde hace ya demasiado tiempo.
En su recorrido por las Highlands, conoce a dos mujeres de origen celta especialistas en Psicoterapia Asistida con caballos, que la ayudan a descubrir quién es. Los celtas creen en la reencarnación, y tratan a los caballos con gran respeto y humildad porque esa relación con ellos les hacen ser mejor personas. Lo mismo que me pasa con la montaña.
Alba aprende las costumbres y tradiciones celtas, y por supuesto, la cultura del whisky. Para saborear bien un whisky de Malta, primero hay que agudizar la vista y captar así todos los matices de su color, por eso es importante que se sirva en vasos lisos, sin dibujos, tallas ni florituras.
El Glen Rothes, por ejemplo, tiene el color de los ojos de lady Vivienne, hija del conde de Rothes asesinada junto a su amado por Alexander Stewart, el Lobo de Badenoch. La sangre de su corazón partido en dos por la espada de “el Lobo” se derramó en el pozo de Fairis Well, de dónde se toma el agua para su destilación, ya que el conde estaba convencido de que el agua tiene memoria, y tomarla del lugar donde había ido a fluir la sangre de lady Vivienne, sería el único modo de transmitir al whisky las cualidades de la joven.
Las lluvias de primavera habían acelerado el deshielo. La nieve de las montañas se derretía formando arroyos que me gusta pensar que purifican las sagradas cumbres. El fuerte ruido del torrente que nace en el Güeyu la Fuente, no me impidió dormir ni concentrarme en la lectura, mas bien parecía relajarme, pero la ansiedad no se iba, así que me puse las botas y el ‘gore’ y empecé a caminar hacia las paredes verticales.
Conocía aquella zona perfectamente después de tres meses en el refugio, pero ese paso hacia el Güertu las Rubias nunca lo había hecho. Siempre disfruto mucho cuando hago una ruta por primera vez, aunque siempre son distintas las sensaciones por muchas veces que la haga.
El Glen Rothes huele a humo. Pero no es humo de leña quemada, es humo de bosque, de montaña, de tierra. La tierra del Macizo de Ubiña es roja, como la sangre que tiño sus praderas en la guerra civil. Huele a humedad y al estiércol del ganado que cada año sube a los ricos pastos del puerto. Me gusta su olor. Me da fuerza y sentía todo aquello mientras clavaba el piolet en los tapines de la inclinada pendiente.
Al igual que lady Vivienne y el Glen Rothes, la montaña de Ubiña es amable en el recibimiento, cómo lo son las gentes del Valle del Huerna, poderoso entre la lengua y el paladar como el carácter valiente de la joven y los grandes desniveles que hay que salvar para merecer alguna de sus cumbres. Este whisky es delicado en su despedida, como lo fueron conmigo los pastores que ahora me permiten compartir su esencia cada vez que lo necesite.
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Última actualización el Viernes, 11 de Mayo de 2012 10:48 |
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Escrito por Andres de la Torre
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Miércoles, 02 de Mayo de 2012 15:53 |
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El pasado fin de semana me invitaron a participar en el Raid de orientación Itaka GPS Experience de Potes.
Es una prueba bastante asequible para iniciarse en esto de los raids, y era la segunda del circuito que la organización del evento ha preparado por Cantabria.
La cita era a las diez de la mañana en el recinto ferial de la capital lebaniega, para recoger dorsales y ver un poco la pista americana que nos tenían preparada. Unos contenedores enormes estaban siendo llenados de agua por el famoso “de la manguera”, del que nos acordaremos sin duda todos los participantes mas adelante. Bueno, de él, y de algún miembro de su familia.. jeje.
El resto de zonas de obstáculos se componían de neumáticos, laberinto de cuerdas, palés de madera, un enorme cilindro de cemento y un par de tramos para reptar.
Mejor hubiera calentado un poco en vez de estar en la cafetería de ‘palique’, pero como en principio no acudía con espíritu competitivo me dejé llevar. La salida me pilló en frío, pero nada comparable con el agua de los contenedores. Teníamos que dar una vuelta a la pista americana para localizar luego sobre un mapa satelital del pueblo, hasta ocho puntos balizados en diferentes lugares de Potes. El plan era hacer este recorrido con Tino Montes y Julian Flores, de la Guardia Civil de Montaña (y al final vencedores por parejas y absolutos), ya que al ser de la zona en seguida reconocerían el sitio en cuestión, pero en seguida los perdí y me dejé llevar.
En la primera baliza nos esperaba el capitán ‘Jack Sparrow’, que tenía orden de no ticar si no respondíamos bien a la pregunta del origen del nombre del pueblo de Potes (puente), algo que hubiera sabido si me hubiera leído la información que nos mandaron al realizar la inscripción, o la web del Ayuntamiento.
Justo debajo de uno de los puentes había otra baliza a la que se accedía por unas escaleras en la pared tipo vía ferrata, y aquí volví a perder tiempo esperando mi turno. Luego las dos del río Deva me hicieron recordar que este mes de Abril ha nevado en Picos de Europa mas que todo el invierno.. lo mejor para reactivar la circulación el agua del deshielo!!!
Mi total desconocimiento del pueblo me hizo perder mucho tiempo buscando el resto de puntos referenciados en el mapa, pero la verdad es que recorrer las calles empedradas de esta hermosa villa, fue una buena forma de pagar la penitencia de tamaño sacrilegio.
Los grupos se lo pasaban mejor y se ayudaban y animaban entre ellos.. a ver si para la Itaka de Reinosa el 27 de Mayo, formamos un equipo algo competente, aunque viendo el nivel de algunos, me temo que va a haber que entrenar mas si no queremos hacer el ridículo.
Otro error fue dejar para el final la baliza de la foto. Era el antiguo patio del edificio histórico del ayuntamiento, precioso por cierto, ya que estaba en la parte baja, muy cerca de las de la parte baja del río. La “caraja dominguera” después de una semana horrible de trabajo, hizo que no me diera cuenta que no hacía falta hacerse ninguna foto como prueba del balizaje de este punto. Creo que mi subconsciente me engaño al recordarme el Raid Pelayo de Cangas de Onís, que sí lo exige. Mas tiempo perdido.
Total, que hice unos poco inteligentes sube y baja, rematados por un nuevo paso por meta, totalmente innecesario, antes de dirigirme al punto de control donde nos iban a entregar los GPS. La iglesia, ya subiendo al monte, era además zona de avituallamiento. Todo muy bien organizado y los voluntarios muy pendientes.
Por la cantidad de gente que vi al llegar, debía ser de los últimos. Los músculos de los gemelos protestaban, y es que este invierno apenas he corrido un par de veces centrado mas en mi formación como alpinista.
Pero aquí salió el orgullo y aprovechando que estaba en terreno favorable para mis nuevas zapatillas de trail running, empecé a remontar. Solo teníamos que encontrar tres puntos bastante cercanos y el GPS los marcaba perfectamente. El mas elevado tenía incluso una cuerda fija para ayudarnos a trepar y descender.
Luego había que volver a la iglesia para dejar el aparato y empezar la ascensión a la montaña, aunque eso sí, todo por pista para que nadie se perdiera. Según me contaron los “picoletos” de montaña de Potes, es una zona en la que entrenan muy a menudo. Por algo se les dio tan bien.
En la subida pillé un buen ritmo y fui adelantando varios grupos numerosos, y en la bajada mas técnica, seguí pasando gente y puse a prueba las Trabuco, que aguantaron mucho mejor las piedras del terreno que mis poco entrenadas piernas.
Después de casi una hora y tres cuartos, me encontraba de nuevo con la pista americana, a la que había que dar una última vuelta antes de entrar en meta. Los primeros lo habían hecho media hora antes y no me apetecía nada, ya tenía suficiente para poder escribir el artículo, pero me sentía observado e hice un desganado esfuerzo final.
Algunas “heridas de guerra” me llevo de recuerdo de mi primera experiencia en la Itaka Raid de orientación, pero sobre todo, me quedo con la buena imagen de Potes, volcado con la organización de un evento deportivo capaz de transmitir la belleza de su patrimonio cultural, incluyendo en este patrimonio las montañas que rodean el Valle de Liébana.
Hubo muchos premios y trofeos para los primeros equipos de todas las categorías, pero los que primero entraron en meta fue la pareja formada por Tino Montes y Julian Flores, que posaron orgullosos para la foto las dos veces que subieron al pódium.
El mal tiempo ha fastidiado el resto de planes, la ampliación de la vía ferrata de La Hermida y las tirolinas por el bosque del Territorio Canopy tendrán que hacerse en otra ocasión, pero así ya tengo disculpa, si es que hace falta, para volver a esta zona de Cantabria que tanto me fascina.
Quiero seguir liebanizándome!!!
Andrés de la Torre
P.D. En la próxima carrera propongo, como dijo el alcalde en la entrega de premios, tirar al “de la manguera” que tanta agua nos hizo tragar, de cabeza a uno de los contenedores. |
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Última actualización el Miércoles, 02 de Mayo de 2012 15:59 |
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Escrito por Andres
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Martes, 10 de Abril de 2012 15:46 |
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El sapo partero y el tritón palmeado sufren atropellos y fragmentación del hábitat por las carreteras en el valle de Trubia (Asturias). Según una investigación española, mitigar el tránsito no es suficiente para minimizar los impactos en las poblaciones de sapo partero.
La presencia de carreteras constituye la primera causa de fragmentación del hábitat para muchas especies, sobre todo para los anfibios, ya que se provoca atropellos y pérdidas de diversidad genética. Además, el tráfico perjudica a dos especies abundantes y representativas de la fauna anfibia asturiana que han sido declaradas vulnerables en España: el sapo partero (Alytes obstetricans) y el tritón palmeado (Lissotriton helveticus).
“Pero las poblaciones de sapo partero y tritón palmeado tienen una sensibilidad muy diferente al efecto de las carreteras”, declara Claudia García-González, investigadora de la Universidad de Oviedo, quien añade que estos anfibios tienen también diferente capacidad de dispersión.
A través de estudios de ADN, el equipo de Eva García Vázquez ha analizado el grado de correlación entre el número de carreteras que tiene que atravesar un anfibio para llegar desde una población a otra y la intensidad de las barreras genéticas entre ellas. De este modo ha determinado cómo les afecta el tráfico.
Los resultados, que se publican en Landscape and Urban Planning, demuestran que en el valle de Trubia (Oviedo) las poblaciones de sapo partero acusan más el tránsito de vehículos motorizados y están mucho más fragmentadas y aisladas entre sí que las de tritón.
En la última década los anfibios han sufrido un declive poblacional en todo el planeta por lo que “en la actualidad son especies muy vulnerables y muchas de ellas son objeto de protección especial”, explica García-González.
Corredores vegetales para proteger al sapo
Entre las medidas para reducir el impacto de las carreteras en los animales destaca la mitigación del tráfico. La investigadora señala que “las medidas de descongestión en zonas rurales son eficaces para minimizar los impactos en el tritón, pero no en el sapo partero”.
Según el estudio, incluso las pequeñas carreteras con baja intensidad de tráfico actúan como barreras para el sapo partero, por lo que esta medida no es suficiente para proteger a esta especie.
“Debería combinarse la reducción del número y la velocidad de los vehículos con otras acciones, como por ejemplo, la construcción de corredores vegetales o pasajes para favorecer la conexión entre zonas húmedas y hábitats acuáticos”, propone García-González.
Además, “muchos animales aparte de los anfibios podrían beneficiarse de la construcción de pasos en los puentes ya existentes o de nuevas pasarelas para atravesar los ríos”, concluye la experta.
Fuente: SINC |
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Escrito por Chelo
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Martes, 03 de Abril de 2012 18:58 |
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Alfredo Íñiguez era humano y, como tal, tuvo sus aciertos y sus errores, pero es ahora momento de glosar lo mejor que nos dio; recordar aquella parte de su ser que nos hizo sentir felices; donde él dejaba manar toda su bondad, porque deseaba que todos disfrutaran del monte como él lo hacía.
Poca gente en este mundo habrá amado tanto la montaña como él, un amor que no quería sólo para sí y que le llevó a introducir en ese intrincado mundo a un gran número de personas, haciéndoles vivir y sentir la pasión que él sentía desde su juventud, cuando se acercaba a los montes de Asturias sin consentimiento paterno, y él y sus amigos mitigaban el hambre sólo con unas pipas.
Cuando le conocí me lo dejó muy claro: "nunca me plantees elegir la opción entre el monte o tú pues no sé qué te respondería."
Siempre asumí que así debía de ser. No puedes cortar las alas a un pájaro. ¿Cómo puedes privar a alguien de su pasión cuando escribe lo siguiente?: “si el hombre no pudiera volar, aún le quedarían las crestas de la montaña”.
Amé la montaña gracias a él, como mucha gente. Durante muchos años le esperaba paciente en los refugios mientras hacía actividad con sus compañeros. Helena creció en Quirós. Si lo necesitaba, hacía de su segundo de cuerda, pero eran las menos de las veces pues yo siempre fui más temerosa que él y prefería resguardar mi pellejo.
Muchos se preguntan qué pasó, también me lo pregunto yo. Sólo puedo decir que nadie lo sabe, tan siquiera la persona que estaba con él. Lo único que sabemos es que estaba rapelando y de repente dijo: ¡ostia! Y se precipitó al vacío. No sabemos más y las conjeturas sobran, estaba escrito que así debía ser.
Murió viviendo como quería vivir, haciendo lo que más amaba en el mundo, y digo más que a nada en el mundo, siendo muy consciente de que el monte fue lo que le hizo vivir y sentir más profundamente que incluso cualquier miembro de su familia.
Aquel era su mundo, donde se purificaba, donde hacía sus actos de contrición, para volver posteriormente a este otro, donde era inquilino de una época que le tocó vivir quizás a destiempo, porque Alfredo era sobretodo EL ÚLTIMO ROMÁNTICO.
Chelo |
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